El Camino Largo: Movimientos Sociales y Posibilidades de Paz en Colombia

Por Angela Lederach

Este miércoles, 24 de agosto 2016, el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaron conjuntamente que habían alcanzado un acuerdo final, dando un paso significativo hacia un fin negociado de 52 años de guerra. Mientras Colombia y la comunidad internacional empiezan a enfocarse en la implementación de los acuerdos y el proceso de construir la paz, es particularmente importante prestar atención al discurso y las acciones de la base rural que han experimentado la mayor parte del impacto del conflicto armado. Si bien casi la mitad de los acuerdos negociados de paz vuelven a la violencia dentro de 5 anos, la evidencia empírica demuestra que los acuerdos de paz que incluyen los actores locales son más duraderos (Paffenholz 2010; Richmond 2011). En este ensayo, uso la investigación etnográfica que he realizado con el Proceso Pacifico de Reconciliación e Integración de la Alta Montana, un movimiento social no violento que está conformado por campesinos, para dar un esquema de los desafíos y las posibilidades de paz en Colombia.

La Alta Montana de El Carmen de Bolívar, está formada por comunidades campesinas rurales, ejemplifica lo complejo y las consecuencias del conflicto armado interno en Colombia. Como resultado de la topografía variable, la Alta Montana se convirtió en una base estratégica para los grupos al margen de la ley a partir de los anos 80 (Esquivia 2009). La violencia directa, incluyendo los asesinatos sistemáticos y selectivos de líderes y lideresas, así como masacres, resultó en desplazamientos masivos de enteras comunidades en la Alta Montana. En muchas comunidades rurales de Colombia, los paramilitares, en colaboración con el estado normalizó el despojo violento a través del rubro de seguridad nacional (Ramirez 2011). El marco de criminalidad que los paramilitares invocaron para acusar las organizaciones sociales de ser colaboradores con la guerrilla también legitimó la violencia generalizada en las comunidades por toda la Alta Montana, lo cual reprimió la movilización social en la región.

Además, en el punto más fuerte del desplazamiento masivo de gente de la Alta Montana, una plaga llegó a la región, matando más de 90% de los palos de aguacate. La muerte del aguacate, el cultivo más rentable en la región, ha diezmado no solo la economía campesina, sino también la ecología frágil de la Alta Montaña. La pérdida de cultivos que protegen del sol, el peligro de flora y fauna, y la disminución dramática de las aguas en la región han alterado de forma fundamental la vida social, económica, y ecológica.

La muerte del aguacate refleja la violencia multidimensional que es fruto del despojo forzado. Aquí, el desplazamiento no está experimentado como un evento singular, sino un proceso en curso que se entreteje en la vida cotidiana (Das 2007). Para los campesinos de la Alta Montaña, la experiencia de desplazamiento requiere un enfoque en las maneras en que la tierra misma es cambiada por la violencia, dejando a la gente “abandonada en su lugar,” buscando una manera de sobrevivir (Nixon 2011: 19). En 2013 el Proceso Pacifico de Reconciliación e Integración de la Alta Montaña (PPRIAM) se formó, liderando más de 1,000 campesinos en una caminata no violenta de casi una semana hacia la ciudad capital del departamento, Cartagena, para destacar y responder a la violencia pasada y actual. Cruzando las fronteras invisibles que se habían formado en las comunidades durante el conflicto armado, los líderes y lideresas de PPRIAM movilizaron a los campesinos alrededor de la perdida compartida del aguacate. La caminata resultó en un acuerdo firmado con el gobierno e inició uno de los procesos más grande de reparación colectiva.

Durante los últimos tres años, PPRIAM ha crecido y se ha fortalecido a través de la región mientras los líderes y lideresas del movimiento siguen trabajando sin cansar para cultivar la paz y la integración entre las comunidades que fueron divididas por la guerra. A raíz de eso, el movimiento ha recibido atención nacional. Mientras instituciones y oficiales estatales a menudo hablan de PPRIAM como un ejemplo de reparaciones exitosas en su discurso público, sus acciones reflejan una realidad distinta. La mayor parte de las reparaciones no se han implementado. Lo poco que han recibido es debido a la presión continua de los lideres sobre instituciones estatales a través de varias formas de acción colectiva.

La lucha continua por la implementación se ha creado una situación doble filo para los líderes del movimiento (Cattelino 2010). Buscando maneras de hacer incidencia para sus reparaciones colectivas, garantizadas bajo la Ley de Victimas, mientras siguen entendidos como actores, en vez de sujetos pasivos, es una tensión constante para los líderes de PPRIAM mientras buscan maneras de interactuar con el estado. La implementación de las reparaciones por el estado ofusca los éxitos y el impacto de los esfuerzos por parte del PPRIAM de organizarse mientras las instituciones se atribuyen los logros de nuevos servicios y recursos introducidos en la región. Este doble filo se agrava por el uso por el estado de terceras partes, quienes administran los fondos y el proceso de implementación, socavando la autonomía y el liderazgo de los actores del PPRIAM. Asimismo, las reparaciones que específicamente abordan los daños más significativos causados por la guerra, incluyendo la muerte del aguacate y la restitución de tierra, siguen ferozmente disputados.

El impacto de la violencia sobre el medio ambiente no es comprensible dentro del marco de víctima del estado. Los daños definidos bajo la Ley de Victimas son limitados por plazos estrechos que disimulan las luchas históricas sobre la tierra a que los campesinos se han enfrentado a través de múltiples generaciones. Desigualdades estructurales, producidas histórica y legalmente en relación con la tierra, siguen reproduciendo los ciclos de despojamiento que han marcado la vida social, económica, y política por las generaciones de los activistas campesinos. Más de 90% de los campesinos en la costa noroeste faltan los títulos de su tierra. Alarmantemente, cientos de activistas de la base comprometidos en la lucha por la tierra han sido amenazados como resultado de sus procesos de retorno, y más de una docena han sido asesinados (Tate 2015). Los enredos complejos de los paramilitares, los militares, y las bandas criminales con proyectos de “desarrollo’ más generales encabezados por multinacionales sirven para agravar los desafíos a los que los líderes del PPRIAM tienen que enfrentar cuando hacen incidencia por los títulos oficiales de tierra (Fattal y Vidart-Delgado 2015).

Mientras el gobierno colombiano y la comunidad internacional preparan para la reconstrucción posacuerdo, es de sumamente importancia poner atención a las experiencias, las lecciones, y las demandas de los movimientos sociales de campesinos los cuales son vitales para una construcción de paz duradera. Utilizando investigaciones etnográficas con el PPRIAM, esbozaré aquí tres lecciones claves: Primera, las reparaciones requieren más reconocimiento del impacto ecológico que ha tenido el último medio siglo de guerra en Colombia. Segunda, y relacionada, la restitución de tierra requiere reconocer y legitimar las desigualdades históricas y estructurales que infunden las definiciones legales y burocráticas de derecho a la tierra. En particular, esto requiere reconocer y legitimar la lucha histórica campesina como distinta de la rebelión guerrillera armada. Mientras algunas alternativas prometedoras legalmente existen, incluyendo la creación de una reserva campesina, ellos siguen altamente estigmatizados como “políticos guerrilleros,” lo cual solo sirve para deslegitimar sus reclamos a la tierra. Por último, transformando la cultura social y política para permitir que se mueve la base y que haga incidencia ciudadana sin temer represalias ni estigmatización requiere un aumento en la inversión directa en los procesos de movimientos sociales y el organizar colectivo, en vez de proyectos limitados realizados por intermediarios en ciclos de tres años.

Mientras esta semana señala un momento histórico para Colombia, las lecciones obtenidas de la experiencia del Proceso Pacifico de Reconciliación e Integración de la Alta Montana iluminan los desafíos y las posibilidades de paz en Colombia.

 

 

Leave a comment

Filed under Uncategorized

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s